Norberto Ferrari, con sus zapatillas de impecable blanco jugaba a la paleta como nadie. Parecía no pisar el suelo, y en sus pasos de baile pegaba a la pelota como quien hace volar un pájaro. Lo recuerdo en el bar del Club Belgrano discutiendo acalorado sobre historia con el Nono Gabriel. A veces se sumaba el Tigre Millán, y eran verdaderos hombres cuya sabiduría autodidacta ya no existe. Quedó en el olvido. Como la historia.
Norberto Ferrari, con sus zapatillas de impecable blanco jugaba a la paleta como nadie. Parecía no pisar el suelo, y en sus pasos de baile pegaba a la pelota como quien hace volar un pájaro. Lo recuerdo en el bar del Club Belgrano discutiendo acalorado sobre historia con el Nono Gabriel. A veces se sumaba el Tigre Millán, y eran verdaderos hombres cuya sabiduría autodidacta ya no existe. Quedó en el olvido. Como la historia.
ResponderEliminar